“NO ME IMAGINO CÓMO SERÍA LA VIDA SIN LA ARQUITECTURA”

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José García Bryce pertenece a aquella generación de arquitectos que estudió en plena efervescencia de la Agrupación Espacio. Sus intereses han transitado desde la docencia hasta la labor proyectual, pasando por la investigación y difusión de la historia de la arquitectura peruana. Todo un referente, sin lugar a dudas.
 
Por Claudia María Delgado

adoscientos metros del malecón de Barranco, en una callecita que aún conserva su perfil tradicional, una escalera conduce a la oficina del arquitecto José García Bryce. Lo primero que nos sorprende, sabiendo que cumplió 85 años en noviembre pasado, es verlo llegar conduciendo su auto, lo que demuestra su vitalidad. A medida que conversamos, transmite sus conocimientos y opiniones con la lucidez y sabiduría de toda una vida dedicada a la arquitectura.

Desde niño, a pesar de no tener referentes dentro de su familia directa, tuvo una inclinación hacia el dibujo y una curiosidad natural por la arquitectura. “Desde muy temprano, desde que era escolar. No hay un momento específico, es una cosa que va apareciendo poco a poco; me gustaba mucho dibujar, pero también me interesaba mucho todo lo que veía a mi alrededor como arquitectura”, rememora García Bryce.

Después de graduarse en 1950, viaja a especializarse en Historia del Arte en Roma, París y Múnich (de 1953 a 1955). Una década después, en 1964, viaja becado y obtiene el grado de Magíster en la Universidad de Harvard. García Bryce define su interés por la historia de la siguiente manera: “La historia de la arquitectura era lo que yo estaba llamado a enseñar después, en la propia Escuela de Ingenieros. Y es que siempre me gustó, me interesó cuando era alumno”. Los cursos de historia del arte y de arquitectura eran sus preferidos, así como ver los libros, las imágenes y los planos cuando estos eran de cosas históricas. Está claro que tenía una innata inclinación por la historia.

Su primer proyecto, en el año 1952, fue una vivienda unifamiliar en San Isidro. La Casa El Cortijo, organizada en torno a patios y de modernidad racionalista pero conservando a su vez la tradición costeña. García Bryce lo confirma: “Sí, dicen que tenía un aire peruano. No es que yo quisiera que así fuera sino que así salió espontáneamente. Esto es resultado de mi interés en la arquitectura del pasado… la arquitectura histórica, podrían llamarla”.

De 1963 data uno de sus proyectos que permanece sin alteraciones hasta hoy: el edificio Álvarez Calderón, que lo hiciera merecedor del Premio Nacional “Chavín” de Fomento de la Cultura en el apartado de Arquitectura. Se trata de un multifamiliar de tres pisos en el que, según sus propias palabras, “el aspecto visual del edificio es la expresión de la construcción”. Por aquellos años García Bryce cuestionaba el afán de pretender “hacer arquitectura peruana”, abogando en cambio por la realización de “buena arquitectura”.

Las grandes oportunidades de proyectar en los años 60 y 70 se dieron a través del Estado y los concursos públicos; sin embargo, él siempre se dedicó a la práctica privada. “No trabajé en la Junta (Nacional de Vivienda) o en el Ministerio de Fomento. No…. me hubieran botado”, cuenta riéndose. “Por falta de disciplina”, acota. “Yo creo que soy un poco desordenado, que me gusta cambiar. Si uno está haciendo un trabajo en el sector público, eso no es considerado una cualidad. “Yo trabajaba principalmente con Miguel Ángel Llona, y para los concursos nos asociábamos con uno o dos más, o con bastantes, como en el caso del Centro Cívico (1966). Un proyecto único, para el que nos unimos tres oficinas”.

UN ARQUITECTO MODERNO

En 1970 construye la Catedral de Huacho, edificación moderna que reemplazó la antigua Catedral que cayó en el terremoto de 1966. “Ese fue un pequeño concurso privado. Éramos tres postores y me dieron a mí el primer puesto. Cuando yo comencé a trabajar ya no existía, la habían demolido”. El diseño ha sido alterado en el 2012 por el Obispado de Huacho, de donde salió la orden de mandar a construir en el generoso atrio que se ofrecía a la plaza una burda copia de la construcción original y que el arquitecto cuestiona: “Ha sido una réplica muy mala, una especie de pabellón en el atrio. Una opinión negativa completamente y no solamente eso, sino que alteraron la fachada original de mi proyecto. El daño más grande, porque lo que está adelante se puede demoler mas no el daño de la fachada”.

Como apasionado de la historia y de los edificios, García Bryce aboga por la conservación: “Yo creo que las cosas que son muy valiosas hay que mantenerlas. La ciudad puede convivir como sucede en otras partes del mundo en que hay cosas que se conservan y hay normas. El problema es que en el caso de otros países casi siempre está organizada la parte legal y la parte económica que es la más difícil; cómo se compensa al propietario o cómo se le integra en un programa de conservación que siempre implica una pérdida del valor mercantil del inmueble”. Sobre la protección del patrimonio por parte del gremio o del Estado, apunta que “estamos descoordinados, ese es un defecto peruano, no trabajamos unidos”.

“Esa iglesita”. Así, con cariño, se refiere a la Capilla San José, de 1977, diseño por el que obtuviera el Hexágono de Oro del Colegio de Arquitectos del Perú, en 1981. Un proyecto que “está un piso más arriba, para estar más a nivel de los dormitorios de los padrecitos, pero a su vez está conectada con la calle, para ser una capilla pública. Desde el principio tuvo el carácter de ser accesible para el barrio”. Aquí el manejo de la luz cenital remite a las teatinas limeñas sin dejar de ser moderno.

Uno de los intentos de regeneración urbana en el que participó fue el Conjunto Habitacional Chabuca Granda, de 1985, lugar en el que utiliza elementos de la memoria arquitectónica de El Rímac, como el balcón corrido y los patios interiores. “Se quería que ese fuera una especie de proyecto piloto para una renovación gradual de la Alameda de los Descalzos, a fin de reflotarla y atraer el turismo. Pero no se consolidó. No es fácil. No es que yo quiero y se pueda hacer, hay tantos otros factores que influyen”. Otra iniciativa de interés es el Auditorio para el Colegio de Abogados, en 1986, junto a Miguel Ángel Llona, en él se inserta un volumen contemporáneo que se integra con la casona estilo Tudor existente, a través de sus materialidades.

EN EL CAMINO DE LA HISTORIA

No hay duda de que García Bryce es un referente como historiador de la arquitectura peruana. Sin embargo, él deslinda con modestia esa importancia: “No he hecho tanto, hay otros que han publicado más que yo. Pero sí, yo me he ocupado de la arquitectura y sobre todo uno de los primeros en ocuparse en la arquitectura republicana, porque antes todo estaba concentrado en la arquitectura prehispánica, la arquitectura del antiguo Perú, la arquitectura del virreinato, de la colonia y yo comencé a meterme más en la arquitectura a partir del siglo XIX”.

Ese interés personal por la historia lo ha llevado a transmitirla como profesor hasta el presente, en la Facultad de Arquitectura de la UPC y años atrás en la UNI, la Universidad Ricardo Palma y la PUCP. Ha sido visiting lecturer en la Universidad de Yale, en 1968, profesor de Historia de la Arquitectura en los cursos de Restauración de Monumentos del Programa PERU-UNESCO en el Cusco, entre 1975 y 1980, y en la Sección de Post-Grado de la Facultad de Arquitectura Urbanismo y Artes de la UNI de 1986 al 2000.

Según su concepción de las cosas, para ser un buen estudiante de arquitectura se requiere ser perseverante. “Yo creo que es muy importante la vocación y la voluntad, porque cuando hay vocación y cuando hay voluntad, inclusive si cuando lo que le ofrecen al alumno no es muy bueno, él va a aprovechar, va a sacar lo mejor de lo que le están brindando. Sino, como primer factor es el yo puedo, yo quiero y persevero y trato de aprender por otro lado”.

LA BUENA ARQUITECTURA

“En todas las épocas hay buenos arquitectos, pero yo creo que cada vez es más difícil hacer buena arquitectura”, apunta García Bryce, y añade: “La buena arquitectura es la que satisface, que está hecha con oficio para que funcione; los cuartos son del tamaño que deben ser, la relación con la orientación, con los vientos, toda la parte ecológica está bien planteada”.

UN ARQUITECTO QUE NO SE JUBILA

García Bryce sigue en actividad, asesorando tesis y trabajos de alumnos, dando clases en la UPC y los reconocimientos siguen llegando. En 2013, el Ministrio de Cultura lo distinguió como Personalidad Meritoria. “Fue una sorpresa… siento agradecimiento por esos reconocimientos; si uno los merece o no eso no sé”, dice sonriendo.

Los colores del atardecer de verano se cuelan por la ventana y dan una luz especial a la antigua casona barranquina donde nos ha recibido. Es inevitable preguntarle por Miguel Ángel Llona a pocas semanas de su fallecimiento, con su colega compartió amistad desde la Escuela de Ingenieros y sociedad desde fines de los años cincuenta; nos responde nostálgico: “Nos unía una amistad muy grande. En efecto, estoy bastante triste de que haya sucedido esto… Nuestra asociación era muy libre, muchas cosas las hacíamos cada uno por su lado pero la mayor parte las hacíamos siempre juntos. Esta oficina ha sido nuestra última oficina juntos, teníamos poco trabajo al final, pero todos los días nos veíamos acá. Era un punto de encuentro que siempre hubiéramos querido que continuara”.

Vamos cerrando la conversación preguntándole qué es la arquitectura en este momento de su vida, y responde con la seguridad de las vivencias recorridas: “Una actividad dentro de la cual estoy inmerso, metido y que no me imagino cómo sería la vida sin ella. Es eso”. Lo dejamos ordenando el material que prestará para la exposición “Retóricas de la línea. Gráfica arquitectónica en el Perú durante el siglo XX”. La muestra se presentará en el ICPNA, donde su obra gráfica estará al lado de los otros grandes referentes de la arquitectura peruana, como Rafael Marquina y Enrique Seoane. José García Bryce es, qué duda cabe, uno de ellos.

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