Señora Embajadora

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Ella es la creadora de las famosas love bag, bolsas elaboradas con mantas, las que revalora, hace moda y resignifica. Materiales como el cuerno y la madera adquieren magnificencia en sus manos. Así es Meche Correa: todo lo que toca, incluyendo los retazos, lo vuelve arte. Basta apreciar la mesa de centro de su atelier que ha diseñado con “bloques” de cientos de este excedente.
 
POR: Angélica Brañez. FOTOS: Eduardo Amat y León
 

Reconoce que debió estudiar artes plásticas porque desde joven entendió “que el arte es la única manifestación que puede conmover y comunicar; el arte es abrazador”, dice casi emocionada Carmen Mercedes Toledo Araoz, conocida en el mundo del diseño como Meche Correa. Embajadora de la Marca Perú, infaltable en los Perú Moda, uno de sus vestidos ha sido expuesto el 2013 en el Museo Matadero de Madrid.

Reconoce lo contemporáneo del arte prehispánico. Sus prendas son un deleite de rayas, cuadrículas, diseños ajedrezados, telas dobles o prolijos en alternancia de colores, en alusión a la complementariedad andina. Resuelta en el uso del color, son frecuentes el negro, los emblemáticos dorado y plateado; en sus manos, el barroquismo se traduce en el gusto por el detalle, en el diseño pintado, en el bordado, en el recojo de la técnica de telar de cintura. Hay una fuerte tendencia a los volúmenes, a las formas compactas, sólidas, a la línea recta.

Cuando presenta sus polleras en el Fashionweek de Madrid se esfuerza en que así sean llamadas y reconocidas. “Es el momento que el mundo sepa que esos volúmenes vienen del ande”. Del mismo lugar la inspiran los trajes raídos y de tiras de la danza de los Avelinos, héroes anónimos a quienes rinde homenaje.

Gracias a ella los artesanos de San Miguel de Pallaques renovaron y mejoraron su técnica en telar de cintura, realizándola en hilos de algodón más finos y extendiendo el tejido incluso a los hombres. Abrió posibilidades de trabajo y surgieron sus bolsas cholitas. “Al peruano usted lo empuja y el peruano vuela”, precisa convencida. No le molesta en absoluto que sus love bag hayan sido “pirateadas”; por el contrario, la hace muy feliz saber que con ello muchas familias tienen el sustento diario.

Encuentra una feliz relación entre las lentejuelas, de uso extendido en los trajes de danza, un detalle típico de la vestimenta tradicional, y los círculos de metal de los uncus o túnicas usadas por los incas. Sus anchos cinturones de bronce niquelado recogen el antiguo gusto por las fajas o cinturones de divinidades prehispánicas.

Referirnos a sus joyas y accesorios es seguir hablando de su arte. Sus gamas varían entre los grises, tierras, neutros; así, el paisaje costeño brota de pronto en cada pieza. Trae a la luz objetos que estuvieron escondidos o negados, tal es el caso de las bolsas de mercado que sus manos convierten en vistosas carteras. Lo mismo ocurre con los amuletos, la hoja de coca y los huairuros, transformados en detalles de moda. Más señoriales se tornan sus carteras hechas con asas de marcos coloniales o bañadas en pan de bronce. o pintadas, de claro efecto kitsch.

Por naturaleza enamorada y apasionada, su tendencia es el Perú. Nos aconseja ir al centro mismo de las comunidades y conocer este país gigantesco de paisajes increíbles, donde los campesinos recogen las flores silvestres y se las colocan en el sombrero. Es por eso que en sus pasarelas no faltan las flores; del mismo modo que tampoco dudó en ambientar sus desfiles con la guitarra de García Zárate. “No sabes, la gente llora al escuchar lo nuestro”, refiere Meche.

El nombre de Meche Correa es sinónimo de constancia. La diseñadora Agatha Ruiz de la Prada la citó como un ejemplo para los jóvenes diseñadores de moda, y ni bien llegó a la inauguración de su Exposición en el MAC, la española la tomó orgullosa del brazo y lo que siguieron fueron cientos de clicks. La embajadora de la marca Perú que estudió Diseño de Interiores lo dejó todo por la moda, y lo hizo entre otras razones por el amor y el agradecimiento a su esposo Irán, “quien siempre me brindó su apoyo incondicional”.

Ya sabemos que sus obras tienen mucho de amor. Quién imaginaría que siendo niña esta mujer tenía que reciclar la tela de su ropa, no una sino varias veces debido a la falta de recursos económicos en su casa, en el distrito del Rímac. Le encantaba cuando la tela que llegaba a sus manos era más grande de lo que necesitaba porque de esta manera cosía, por ejemplo, una falda colocando el tejido de a dos. “O le hacía tableros para ‘guardar’ material y así tener posibilidad de trabajar otros modelos”. Lo que por cierto parece seguir siendo una de sus obsesiones: el reciclaje de material. Es increíble cómo, con cientos de retazos y un proceso especial, haya elaborado una mesa de centro en su atelier y que por estar conformada de bloques hace las veces de puf. En el mismo camino, pasea tres veces cada semana por el emporio de Gamarra, analizando qué tanto puede hacer con este tipo de excedente.

En su proceso creativo es importante contactarse, tocar, sentir en los poros, “con un poco de papel puedes hacer una obra de arte”. Así es Meche Correa, mujer de pasión y de fe y devota de la Virgen de Guadalupe, quien nos abrió las puertas de su taller y de su vida. Confía en los jóvenes, en el resurgir de los peruanos y en un mejor momento para la moda y los diseñadores. Así será.

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